Ralph Larson
Un caso sobre comprobaciones tributarias, información contradictoria y las ocasiones en que una pregunta de Hacienda puede resultar tan interesante para el contribuyente como para la propia Administración.
Nota del autor
Este artículo tiene su origen en un asunto real tramitado por EBAN Abogados.
Nuestro cliente, después de comprobar el potencial narrativo que había adquirido su expediente, nos pidió que, si escribíamos sobre él, no lo convirtiéramos en uno de esos artículos jurídicos en los que cualquier atisbo de humanidad desaparece después del tercer párrafo.
Hemos aceptado parcialmente su propuesta.
Los aspectos jurídicos que se analizan son serios. Los datos que pudieran permitir identificar a las personas implicadas han sido modificados y algunos acontecimientos, personajes y diálogos han sido recreados o directamente ficcionalizados.
Para narrarlos hemos optado por un registro deadpan: cuanto más improbable resulte una situación, con mayor normalidad será expuesta.
Nuestro cliente ha leído el artículo antes de su publicación y únicamente ha establecido una condición.
El Trabant tenía que permanecer en la historia.
1. Su declaración está siendo comprobada
Nuestro cliente es odontólogo, ejerce por cuenta propia y presenta una declaración del IRPF suficientemente compleja como para que su preparación requiera algo más que aceptar los datos fiscales y pulsar «presentar».
En EBAN Abogados habíamos revisado con él su Modelo 100.
Rendimientos profesionales, gastos, operaciones con proveedores extranjeros y determinadas cuestiones relacionadas con el autoconsumo habían sido objeto de especial atención. Nuestro cliente atendía ocasionalmente sin cobrar a familiares y amigos y consumía para ello material de la clínica. Quería que esas operaciones recibieran el tratamiento fiscal que correspondiese.
Era meticuloso con esas cosas.
Por eso, cuando durante algún tiempo apareció en la sede electrónica de la Agencia Tributaria el mensaje «Su declaración está siendo comprobada», las primeras hipótesis resultaban bastante previsibles.
Actividad profesional.
Gastos.
Operaciones internacionales.
Autoconsumo.
Había residido además durante algún período fuera de España. Su perfil tributario contenía suficientes elementos como para comprender que un sistema automatizado pudiera seleccionar su declaración.
Esperamos.
Finalmente llegó el requerimiento.
Ninguna de nuestras previsiones era correcta.
Hacienda no preguntaba por sus rendimientos profesionales.
No preguntaba por los gastos.
Tampoco parecía especialmente interesada en el autoconsumo que tan cuidadosamente habíamos revisado.
Hacienda quería hablar de una buhardilla.
Y había una segunda pregunta.
Una bastante más difícil de contestar.
¿Qué relación mantenía nuestro cliente con un inmueble situado en Alemania?
2. La buhardilla
La buhardilla había aparecido unos años antes durante la formación de un inventario hereditario.
Nuestro cliente reaccionó entonces con cierta seguridad:
—Ese inmueble no es nuestro.
La documentación sucesoria sostuvo lo contrario.
Ganó la documentación.
Nuestro cliente terminó recibiendo una participación mayoritaria sobre una pequeña finca en copropiedad que presentaba además una peculiaridad: estaba ocupada desde hacía muchos años por una señora de edad avanzada y nadie parecía disponer de una explicación particularmente sencilla acerca del origen y alcance de aquella ocupación.
Hubo algún contacto con la representación letrada del otro copropietario. Se habló de documentación, posesión y posibles alternativas para regularizar la situación.
Nuestro cliente podía investigar.
Podía negociar.
Podía intentar un MASC.
Y, dependiendo de lo que apareciera, podía estudiar posteriormente las acciones que procediesen.
Tenía, sin embargo, una profesión, una clínica y problemas bastante más inmediatos que resolver.
Su reacción fue menos jurídica:
—Uf. Ya me ocuparé.
Fiscalmente hizo algo diferente. Atendió los tributos correspondientes y trató el inmueble conforme a la situación patrimonial que conocía.
Después siguió con su vida.
Hasta que Hacienda se interesó por la buhardilla.
3. El alquiler que nadie conocía
La información de la Administración sugería que aquella finca podía estar generando rendimientos por alquiler.
Nuestro cliente fue categórico.
—Yo no la he alquilado.
—¿Has percibido alguna renta?
—No.
—¿Has autorizado al otro copropietario para que la alquile?
—No.
Quedaba una pregunta.
—¿Sabes si el otro copropietario ha hecho algo con ella?
Esta vez nuestro cliente respondió:
—No.
Y ésa era probablemente la respuesta más importante de todas.
No existía motivo alguno para atribuir al otro propietario una actuación irregular. Podía tratarse simplemente de un error en una declaración, una información incorrectamente asociada o cualquier otra discordancia entre datos.
Pero nuestro cliente llevaba bastante tiempo sin mantener contacto con él.
Sabía perfectamente que él no había alquilado la buhardilla.
Lo que no sabía era qué había ocurrido con ella mientras decidió que tenía cosas más importantes que hacer.
La pregunta de Hacienda empezaba entonces a resultar interesante también para nosotros.
Si alguien estaba pagando un alquiler, ¿a quién se lo estaba pagando?
4. Diez días hábiles para aceptar su ayuda
Un requerimiento tributario suele ser contemplado desde una perspectiva elementalmente defensiva.
Hacienda pregunta.
El contribuyente contesta.
Pero aquél presentaba una particularidad.
El contribuyente también quería conocer la respuesta.
Si la Administración disponía de información sobre un supuesto arrendamiento, esclarecer su origen podía proporcionar a nuestro cliente datos sobre una situación civil que llevaba años sin resolver.
Podía haberlo hecho por otros medios.
Contactar nuevamente con el copropietario.
Investigar la situación posesoria.
Promover un MASC.
Y, si aparecían razones para ello, acudir posteriormente a los tribunales.
No lo había hecho.
Ahora Hacienda necesitaba esclarecer esa misma realidad por razones completamente diferentes.
Los intereses de ambos no coincidían.
La pregunta sí.
Nuestro cliente disponía de diez días hábiles para aceptar la ayuda.
5. Alemania
Quedaba todavía el inmueble alemán.
Aquí la posición de nuestro cliente era mucho más sencilla.
No tenía ningún inmueble en Alemania.
No conocía la dirección que aparecía asociada a sus datos.
Nunca había estado allí.
No recordaba haberlo comprado.
Y, después de la experiencia de la buhardilla, evitamos preguntarle con excesiva seguridad si podía haberlo heredado.
Hasta donde alcanzaba su conocimiento, sus vínculos patrimoniales más importantes con Alemania consistían en dos vehículos.
Un Mercedes-Benz 190 de 1989.
Y un Trabant de 1979.
Ambos estaban matriculados en España.
Ninguno era un inmueble.
Pero el sistema tenía sus razones.
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