Una representación común para el interno, los profesionales, la defensa y el control judicial
En un artículo anterior planteábamos un problema relativamente frecuente en las revisiones de grado penitenciario: cómo motivar adecuadamente una decisión técnica dentro de un expediente que puede extenderse durante años.
La conclusión era sencilla.
Una revisión no necesita reproducir toda la historia penitenciaria del interno. Pero debería permitir responder a tres preguntas:
¿Dónde estábamos en la revisión anterior, qué ha ocurrido desde entonces y por qué estamos ahora aquí?
La cuestión admite, sin embargo, una segunda perspectiva.
Puede ocurrir que la información necesaria para responder a esas preguntas exista.
Puede estar en los informes psicológicos, educativos o sociales, en el programa individualizado de tratamiento, en las entrevistas realizadas con el interno, en las valoraciones de los profesionales y en los sucesivos acuerdos de la Junta de Tratamiento.
El problema puede no ser entonces la ausencia de evaluación.
Puede ser la forma en que esa información se representa y circula entre quienes intervienen en el proceso.
Y ahí aparece una cuestión distinta: la trazabilidad.
1. No se trata de evaluar más al interno
Conviene comenzar despejando un posible equívoco.
El sistema penitenciario ya dispone de mecanismos de observación, clasificación, tratamiento y revisión individualizada.
Los profesionales penitenciarios entrevistan al interno, realizan su seguimiento, identifican necesidades, establecen objetivos, desarrollan intervenciones y emiten los correspondientes informes.
El Reglamento Penitenciario contempla expresamente el programa individualizado de tratamiento y la revisión periódica de la clasificación. También establece que el profesional encargado del seguimiento debe informar al interno de los objetivos que debe alcanzar y de los medios y plazos más adecuados para conseguirlos.
No tendría demasiado sentido, por tanto, proponer como innovación que el interno sea objeto de una evaluación individual y periódica.
Ya lo es.
La cuestión es diferente:
¿existe una representación común que permita observar longitudinalmente el resultado de esas evaluaciones?
Porque evaluar y hacer trazable una evaluación no son exactamente la misma cosa.
2. Un mismo proceso, diferentes capas de información
En cualquier expediente penitenciario intervienen sujetos con posiciones muy diferentes.
El profesional que mantiene contacto directo con el interno dispone de la información derivada de sus entrevistas y de su observación.
Otros integrantes del Equipo Técnico realizan sus propias valoraciones.
La Junta de Tratamiento integra esa información y adopta una decisión colegiada.
El interno conoce aquello que se le comunica durante las entrevistas y lo que puede deducir de las resoluciones que recibe.
Su familia conoce, normalmente, la versión que él mismo le transmite.
La defensa accede inicialmente a la información que le proporciona su cliente y a la documentación disponible y, cuando resulta necesario, contrasta esa percepción con el expediente.
Finalmente, cuando existe recurso, el órgano de Vigilancia Penitenciaria puede examinar el conjunto documental para controlar la decisión adoptada.
Todos están observando el mismo proceso.
Pero no necesariamente están viendo la misma representación del proceso.
Cada uno accede a una capa diferente de información.
Eso no significa que alguien esté actuando incorrectamente.
Significa que existe un problema potencial de interfaz.
3. Informar no es exactamente lo mismo que hacer trazable
Podría objetarse que el interno ya recibe información sobre su situación mediante las entrevistas con los profesionales.
Y es cierto.
Pero una entrevista cumple una función diferente de una representación longitudinal.
Un profesional puede explicar perfectamente a un interno que su evolución es positiva pero que determinado aspecto necesita todavía consolidación.
Meses después puede producirse una nueva entrevista. Puede intervenir el mismo profesional u otro diferente. Pueden haber cambiado algunos objetivos. Puede haberse completado un programa. Puede aparecer una nueva circunstancia familiar o social.
Y cuando llega la siguiente revisión, el interno dispone de recuerdos, explicaciones y resoluciones sucesivas, pero no necesariamente de una imagen común que le permita comparar fácilmente su situación actual con la anterior.
La información existe.
Lo que puede faltar es su trazabilidad.
La diferencia es importante.
Una sucesión de fotografías no constituye necesariamente una película. Para observar evolución necesitamos poder relacionarlas.
4. Una representación común de la evolución
La propuesta podría ser relativamente sencilla.
A partir de una revisión en la que exista ya una trayectoria penitenciaria suficientemente observable, los principales ámbitos relevantes para la evolución del interno podrían disponer de una representación estructurada.
No sustituiría a los informes.
Tampoco establecería un sistema automático de puntuación.
Sería simplemente una capa de información situada sobre el expediente técnico.
Podría adoptar, por ejemplo, una representación semejante a la siguiente:
Las categorías concretas podrían ser otras.
Podrían utilizarse expresiones como consolidado, en evolución, necesita mejorar o precisa observación adicional.
Incluso sería posible incorporar indicadores visuales sencillos que permitieran identificar rápidamente el estado de cada área.
Lo importante no es el diseño concreto.
Lo importante es que detrás de cada valoración continúe existiendo el informe profesional que la sustenta.
La simplificación de la información no implica simplificar la valoración.
Un indicador no sustituye al informe psicológico, educativo o social.
Permite localizarlo y comprender qué función desempeña dentro de la evolución global.
5. Los objetivos tampoco tienen que permanecer inmóviles
La trazabilidad no debería convertirse en otro mecanismo de rigidez.
El tratamiento penitenciario es dinámico.
Un objetivo puede alcanzarse. Puede resultar insuficiente. Puede necesitar reformulación. Puede dejar de ser relevante. Puede aparecer otro que inicialmente no había sido detectado.
Incluso una valoración favorable puede modificarse si posteriormente aparecen elementos que aconsejen reconsiderarla.
La coherencia longitudinal no significa que todas las revisiones tengan que decir lo mismo.
Significa justamente lo contrario: que cuando algo cambia podamos saber qué ha cambiado y por qué.
Por ello, una representación común debería permitir añadir, modificar, consolidar o abandonar objetivos, dejando constancia de esa evolución y de
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